Suena a invento raro, a ese “postureo” que tanto se lleva ahora de llamar a las cosas por su termino en inglés. Y lo es, pero además es muchas otras cosas y no deberíamos banalizarlo por su primera apariencia. Es un termino que he descubierto en esta orilla del Pacifico y que se ha quedado rebotando en mi cabeza todos estos días. El motivo no es otro que la gran cantidad de posibilidades que ofrece para todas aquellas personas que ansían trabajar y hacer cosas nuevas cada día. ¿Qué es el coworking? No es más que el termino que define una nueva forma de trabajar. Olvidemonos del cubículo de oficina con su escritorio, su silla y el bote de bolígrafos. Un espacio de coworking es un lugar donde profesionales independientes comparten espacio para desempeñar sus funciones. Suelen ser oficinas abiertas con grandes mesas donde se suministra a los profesionales un sitio donde conectarse a Internet (el trabajador pone el portátil) y desarrollar su red de contactos. Y en este último termino radica la fuerza del coworking. La red de contactos que se establece al trabajar en un espacio abierto y multidisciplinar no tiene ni punto de comparación con la que puede establecerse trabajando desde casa o en una oficina. En un centro de coworking profesionales de toda índole, donde las disciplinas se mezclan y se enriquecen unas de otras, trabajan conjuntamente o por separado en un mismo entorno. Como mejor se entiende es un con un ejemplo, pongamos que A necesita alguien que le cree una página web (cuantas veces proyectos se han quedado parados en este punto, por desgracia). A envía un mensaje de correo a una dirección especial que distribuye la necesidad a todos los asociados al centro de coworking. B que esta sentado unas mesas más atrás ve el correo y establece contacto con A, pero ambos creen que necesitan a alguien que les mejore las fotografías de la web y de una vuelta al diseño. Nueva solicitud al correo y C que entraba en ese momento por la puerta cierra el circulo. Los tres consiguen su objetivo: trabajar, aumentar su red de contactos y sacar provecho del espacio de coworking. El precio que cobrará cada uno lo pactan entre ellos en una reunión inmediata. Olvidemonos de largas y tumultuosas reuniones para tomar una decisión: oferta, demanda y solución. Esta proximidad y red de contactos suele desembocar en nuevas ideas que se gestan y se desarrollan dentro del espacio de coworking, retroalimentando las necesidades y soluciones que esta forma de trabajo aporta. El centro de coworking sólo (y no es poco) es ese espacio común donde los clientes tienen acceso a un sitio de trabajo, conexión a Internet, salas de reuniones y generalmente también una zona de entretenimiento donde poder comer y beber algo o incluso jugar a la consola, futbolín etc. (aquí ya dependerá del espacio y presupuesto que tenga el centro). Por todas estas facilidades el profesional debe pagar una cuota mensual que generalmente es variable en función de las horas que tenga planificado pasar en la oficina (no suele ser mayor de 150€), aunque también es común la existencia de pases por un día, una semana, X horas.

Como todo en este mundo en el que vivimos existe su versión online, aunque menos potente, que consiste en webs o grupos en redes sociales donde los profesionales se ponen en contacto para sacar adelante nuevos proyectos. En esta versión se pierde un poco el concepto de networking, o red de contactos, ya que cada uno trabaja desde su casa u oficina habitual y las reuniones deben llevarse a cabo en un sitio pactado (no siempre fácil de conseguir) o vía Internet. Eso sí, en estos casos no suele ser necesario pagar ninguna cuota ya que el único soporte que se da es el poner en contacto a profesionales a través de Internet.

Todo esto suena bien, ¿verdad?. Es una idea que, como no podía ser de otra manera, comenzó a popularizarse aquí, en San Francisco, en los últimos años de la década del 2000. Ahora la idea se está extendiendo por todo el mundo con bastante rapidez. En mi opinión es una nueva forma de trabajar que puede ayudar muchísimo a países como España en los que sobra el talento y faltan los medios para que grandes profesionales puedan aplicar sus conocimientos y trabajar. Pensar en la cantidad de gente que tiene buenas ideas pero se quedan solo en eso porque no conoce a nadie que le cubra una necesidad que él/ella no puede abordar. La de nuevos proyectos y nuevos emprendedores que pueden surgir si esas nuevas ideas encuentran un cauce común donde retroalimentarse y salir adelante.

Como habéis podido leer, creo totalmente en este modelo e incluso me planteo intentar implantarlo como forma de trabajo en zonas castigadas por el desempleo como mi querida Asturias donde una cantidad increíble de gente muy preparada esta sin trabajo o trabajando en puestos muy por debajo de sus posibilidades. Voy a intentarlo, si sale adelante os mantendré informados y si fracaso también, os dare alguna pista sobre que no se debe repetir para sacarlo adelante.

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